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2013-02-27
 

Una celebración por la salud y la vida

 
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<div align=\"&quot;justify&quot;\">El lunes antes del mi&eacute;rcoles de ceniza, no es un lunes cualquiera para el Valle de Sibundoy, habitado por las comunidades ind&iacute;genas Inga y Cam&euml;nts&aacute;. Es un d&iacute;a lleno de color, m&uacute;sica y comida pero sobre todo de encuentro con las familias y amigos, es el D&iacute;a Grande, d&iacute;a del perd&oacute;n, d&iacute;a en el que comienza el B&euml;tscnat&eacute;.</div>

A 48 kilómetros, tres horas aproximadamente de Mocoa, Putumayo y a 42 Km de Pasto, Nariño casi dos horas por una carretera en donde se alcanza a vislumbrar la Laguna de la Cocha y en donde cada curva deja ver un valle lleno de frailejones, de rayos de sol que se abren paso por la niebla de la mañana, un lugar lleno de historias y naturaleza conformado por los municipios Santiago, Colón, San Pedro, Sibundoy, San Andrés y San Francisco, cuyos nombres se dieron como símbolo de la evangelización.

Cuando suenan los tambores, flautas y cachos, todo indica que se está cerca a Sibundoy, cuyo nombre original fue Tabanoy o Tabanoca que traduce pueblo grande; niños, jóvenes, adultos y ancianos se preparan para el Bëtscnaté, Día Grande. Una celebración que resalta la tradición de la identidad Camëntsá. Un espacio de perdón, reencuentro en familia y comunidad que fortalece lazos de fraternidad y reconciliación.

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“El Bëtscnaté es el día máximo del perdón, el día en el que tenemos la oportunidad de llegar a una reconciliación. Hace muchos años, la comunidad no tenía buenos caminos, y tenía más problemas, pero una vez al año, sin importar esos inconvenientes, todos salimos a saludar y encontrarnos con familiares y amigos, es un día en el que nadie se queda en la casa, una celebración que esperamos se siga conociendo y protegiendo”, dice el taita Gobernador Marcerliano Jamioy Muchavisoy.

Si bien el día de la celebración tiene lugar el lunes antes del miércoles de ceniza, es durante todo el año que se realizan actividades alrededor del Bëtscnaté, las cuales en general pueden resumirse de la siguiente manera:
Desde el momento en que termina un Bëtscnaté se inician las preparaciones para el siguiente, sin embargo, el inicio formal de la celebración, tiene lugar en el Uacjnayté, Día de las ofrendas del 2 de noviembre.

Las actividades para el Uacjnayté comienzan con la ofrenda de alimentos que cada miembro de la comunidad  Camëntsá realiza  a sus seres queridos que fallecieron.  Al día siguiente, los alimentos que fueron ofrecidos y colocados en  una mesa  grande  son compartidos entre todos los familiares y otros invitados. También se comparte el bocoy (chicha), se pide permiso a los espíritus, se canta, se baila,  alistan los instrumentos musicales y así comienza la preparación del Bëtscnaté.
Según la tradición Camëntsá, después de haber rendido un emotivo homenaje a los seres queridos que partieron a otro mundo, cada familia comienza a  preparar sus atuendos, instrumentos y todo lo necesario para el día grande.

Desde el primero de enero, con el acto de posesión el nuevo gobernador Camëntsá, se dispone junto con la colaboración de la gente la preparación del Día grande.
En vísperas de la celebración, los hombres son los encargados de conseguir la leña; para que las mujeres preparen los alimentos que consiguen entre los que se encuentran cuyes, gallinas, vegetales y hierbas que hacen parte de la comida típica junto con la chicha. Se elaboran los atuendos tradicionales y se afinan los instrumentos musicales. En los últimos años, en paralelo a estas actividades se realizan jornadas colectivas de conversatorios al interior de la comunidad y fuera de ella, sobre la importancia del Bëtscnaté.

Ya en el día del perdón, a muy tempranas horas de la mañana las familias se reúnen en sus casas con los hijos, padres, abuelos y padrinos, piden permiso al cielo, luego los hijos se colocan de rodillas para pedir perdón por los errores que hubiesen cometido durante el año. Los padres, abuelos o padrinos, según sea el caso, los disculpan seguido de frases de recomendaciones y de buenos consejos.

Para el Alguacil Mayor del Cabildo Indígena Camëntsá, Diego Sigindioy. “Esta celebración es el principio de un nuevo año, de agradecimiento a nuestra madre tierra con manifestaciones de música, danza y canto, lleno de colores, unión y alegría, un día especial y único para nuestro pueblo”.

Luego salen de las casas cantando e interpretando los instrumentos propios de la comunidad, tambor, flauta, ocarina, armónica, cacho y cascabeles, mientras recorren su camino se van encontrando con amigos, familiares y visitantes de otras zonas del país, se saludan y como un acto de bienvenida, unión y perdón esparcen pétalos en la cabeza de cada uno ellos, expresando la alegría de verlos y compartir esta ceremonia juntos.

A medida que caminan, algunos vecinos se asoman en las ventanas y puertas de sus casas tocando los instrumentos como señal de que los caminantes Camëntsá pueden entrar allí y compartir un rato con ellos.

El camino que recorren lleva a la vereda del Sagrado Corazón de Jesús a kilometro y medio del área urbana del municipio de Sibundoy.  Paralelamente el taita gobernador con sus cabildantes y seguidores, se desplazan al mismo lugar de concentración. En este sitio se saludan y entre ellos se colocan flores en la cabeza, se canta, se tocan instrumentos y se baila, en espera a la congregación de la mayoría de la comunidad.

A medida que llegan al punto de encuentro, se ven los colores que engalanan la celebración, colores que llevan en sus atuendos tradicionales compuestos por coronas de plumas, o coronas tejidas, sayos más conocidos como ruanas, mantas blancas y encima de ellas otras de color verde, azul, rojo o rosado bordadas con hilo dorado y collares que ellos mismos tejen representando figuras de su cultura como el rombo que simboliza el sol que guía el camino, o el tigre que simboliza el yagé, planta sagrada y medicinal propia de esta región del país.

“Este es el año nuevo para nosotros, una fecha muy especial que hace que los Camëntsá que están en otras partes de Colombia y del mundo lleguen a este territorio para compartir y encontrarse con amigos y familiares, como dice el Taita Marceliano no importan las dificultades y problemas que tengamos en este día eso no existe porque lo importante es estar unidos”, cuenta una de las mujeres de la comunidad antes de iniciar a caminar.

Una vez reunidos, se comienza a marchar hacia al casco urbano. El desfile es orientado por el matachín, con el sonido de una campana guía a los demás participantes. Este es seguido por el taita mandad (gobernador del pueblo) y su gabinete. Luego le siguen los taitas ex gobernadores, quienes también son parte importante dentro de la autoridad tradicional, acompañados de sus esposas, quienes son casados, o por sus madres, aquellos que se encuentran solos. Luego se ubican los seis bandereros quienes, guían el viento y acompañan a las tres primeras autoridades, taita mandad, taita arcanye y taita alguacero, quienes son seguidos por los San Juanes que generalmente son seis personas.

Los saraguayes continúan en el orden del desfile, también liderados por uno de ellos que lleva una campana. Posteriormente, se ubican las tejedoras de la Virgen de las Lajas quienes llevan una réplica de esta imagen adornada por el grupo de señoras que lo conforman. Enseguida desfilan los alumnos y representantes de las  Instituciones Educativas (Colegio Artesanal Bilingüe, Escuela las Cochas, entre otras), para dar paso a la comunidad en general que se confunde entre cantos y las melodías de las flautas, los cachos, cascabeles y tambores.

El desfile se desarrolla por las principales calles del municipio dirigiéndose hacia el parque y luego hacia la iglesia catedral. Los Camëntsá, entran a ritmo de tambores y cantos, bailan en ella antes de iniciar la misa, allí los esperan los sacerdotes de la región y el obispo quien oficializa la eucaristía. La comunidad escucha la misa, ofrece sus alimentos, agua y símbolos propios de su cultura como agradecimiento a Dios. Para finalizar se hace entrega formal de las varas al nuevo gabinete del Cabildo por parte de la autoridad Eclesiástica, de manos del obispo.

Luego de la misa se baila frente a la casa parroquial y se saluda a los representantes eclesiásticos encabezados por Monseñor. Al mismo tiempo, los bandereros hacen un recorrido alrededor del parque, ellos encabezan la marcha hacia la cruz ubicada en el parque central de Sibundoy, donde se baila y se realiza el ritual del perdón.

Posteriormente se dirigen a la administración municipal donde se saluda al alcalde municipal y su comitiva.
La cruz ubicada en el centro del parque principal, hace parte de la historia del pueblo Camëntsá, representa un sitio sagrado para ellos ya que allí se ubicó su cementerio indígena, al cual aún llaman Lamentacionents, es por eso que antes de dirigirse al Cabildo saludan con baile, cantos y música a sus seres queridos que se han marchado al otro mundo.

Ahora la comunidad se dirige a la Casa cabildo, donde se danza e interpretan versos en lengua materna al son de los  instrumentos tradicionales. En este lugar se encuentra el castillo donde danzan los sanjuanes. El castillo representa las autoridades, en la parte superior Dios, luego el taita gobernador, posteriormente el taita alcalde mayor y por el último el taita alguacil mayor, todos sostenidos por los cuatro alguaciles menores.

Al entrar a la Casa cabildo, hay un compartir colectivo de alimentos y chicha, son aproximadamente 5.000 personas quienes allí se reúnen y a quienes se les ofrece el alimento. En el caso de los taitas exgobernadores, los personajes del Bëtscnaté y otras personas que el cabildo de turno considere especiales, son invitados a una pieza especial donde son atendidos ceremonialmente, es decir que en lengua Camëntsá  el taita les agradece por su participación con el ofrecimiento del plato tradicional que está compuesto por: Uamesnen (mote), Mentsen (carne cocida), Bomo (papa), Shemnebe (huevo) y Tsetsa (ají), acompañado de chicha que es lo que se brinda en este día de compartir colectivo. Antes del ofrecimiento de este plato, el taita gobernador pasa por cada uno de las personas consideradas importantes ofreciendo un caldo en el que todos toman del mismo plato ofreciendo también una gran cantidad de huevos.

Mientras gran parte de la comunidad baila y canta en el Cabildo, algunos Camëntsá y Sibundoyenses esperan la danza y ritual de los San juanes, que consiste en amarrar a una cuerda un gallo de las patas y mientras los San juanes tratan de cogerlo para quitarle la cabeza con la mano, los Saraguayes jalan la cuerda impidiendo que agarren la cabeza, el ritual termina cuando uno de los San juanes se queda con la cabeza del gallo y la coloca en su bastón. Un ritual que a muchos impresiona y a otros apasiona.

Cuando comienza la noche, se desplazan a la casa Arcanÿe (alcalde mayor) quien es el anfitrión y se encarga de hacer otro compartir de alimentos y chicha; luego la comunidad se dirige donde el taita Alguacer (alguacil mayor) para hacer lo mismo.

Por último, las familias se invitan entre sí para visitarse en cada una de sus casas para tocar, cantar, bailar, compartir alimentos y chicha. En cada uno de estos sitios se realiza el ritual del perdón teniendo en cuenta  las jerarquías familiares. Al día siguiente, el martes, las familias continúan visitándose mientras  otros participan del Calusturinda (carnaval inga) con los hermanos ingas en cada uno de sus cabildos del Valle de Sibundoy.

Allí con los Ingas, en los municipios de Colón y Santiago, la bienvenida también comienza esparciendo flores en la cabeza del familiar, amigo o visitante, pero la flor no es la única protagonista del saludo, también la ortiga, con ella golpean como símbolo de perdón y sanación a quienes se encuentran en el camino, algunos la reciben con alegría, otros como los niños lloran al sentir una picazón en su piel, que dura casi todo el día. Con el pasar de las horas esta planta se convierte en un juego de niños del que muchos huyen.

Después de la celebración de la misa, la comunidad Inga al igual que lo realizó la Camëntsá, el día anterior, recorre el parque central y se reúne en el centro de ella interpretando con sus instrumentos un sonido diferente al de sus hermanos de Sibundoy, bailando con trajes compuestos no solo por telas blancas, rojas o azules sino también con telas estampadas que las acompañan con sus tradicionales coronas de plumas mientras lanzan al cielo sus tradicionales chilacuanes, más conocidos como papayuelas, otro elemento que no se ve en el Bëtscnaté.

En este punto, es fácil ver que son varios los elementos y actividades que cambian de una comunidad a otra, mientras en los Ingas todos llevan ortiga, en los Camëntsá está ni se siente, mientras en los segundos el blanco es la base de sus banderas, en los primeros usan todo tipo de colores y estampados como base de sus vestidos y banderas.

Otro de los elementos que usan los Ingas, son los muñecos hechos de hoja de maíz, el cual lanzan al cielo evitando que en ese año que comienzan hayan difuntos en las familias, “a quien le caiga ese muñeco y no lo lance rápido, es seguro que habrá muerte en la familia” explican las señoras mientras bailan y lanzan el muñeco.

Pero aunque haya diferencias entre las dos comunidades, hay algo que siempre los ha unido el respeto y la alegría por fortalecer su identidad y preservar sus tradiciones, cada año se encuentran para compartir, esa es la esencia del Día Grande, del Bëtscnaté para unos y el Calusturinda para otros, el compartir unidos un nuevo año.

En esta celebración tradicional se reúnen todos los aspectos que hacen de  la cultura Camëntsá algo muy especial, que se siente en el momento que se conversa con sus taitas, con las mujeres y hasta con los niños, cada palabra que pronuncian lleva un mensaje para quien la escucha, un mensaje acompañado por cantos, historia, experiencia y gran sabiduría.

El Bëtscnaté es la celebración por la salud y la vida,  todos danzan contentos y cada uno de diferente forma de acuerdo a su conducta y cualidad, cantan versos  que nacen de  los sentimientos que cada quien desee expresar. De la misma forma se baila al son las músicas tradicionales, las cuales son heredadas por los ancestros, de tal manera que se convierte en un conjunto de expresiones que se sintetizan en una sola celebración de la expresión Camëntsá. Es el año nuevo de agradecimiento a  Tsbasana Mama y Bëngbe Betsa (Todo Poderoso) por las cosechas  y por mantener vivas a las personas y sus prácticas tradicionales.

“Esta no es una simple fiesta, es una celebración, un ritual lleno de color, alegría y unión, una ceremonia donde la esencia es el compartir con amor y respeto” afirma Manuel Jesús Mavisoy Juangiboy, Alcalde Mayor.

El Bëtscnaté, hay que vivirlo de cerca para conocer la importancia que tiene el perdón para esta comunidad, su visión de la vida y el mundo en general, interactuar y dejarse contagiar por ellos y compartir parte de sus tradiciones y conocimientos, dejarse llevar por la tranquilidad y sabiduría de los Camëntsá, mientras disfruta de un rico mute y una refrescante chicha, al ritmo de tambores, cascabeles y flautas, una manifestación que, desde el 2012, está incluida en Lista representativa de patrimonio inmaterial de la nación.

Por: Mónica Pulido Villamarín

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