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2013-03-14
 

Tras las huellas de Soledad Acosta de Samper

 
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<div align=\"justify\">La historia de c&oacute;mo una escritora colombiana del siglo XIX vuelve a estar al orden del d&iacute;a, cien a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte.&nbsp;El 15 de marzo, MinCultura lanza el A&ntilde;o Soledad Acosta de Samper en el Museo Nacional a las 11:00 a.m.&nbsp;Siga la transmisi&oacute;n del evento por <i>streaming</i> en www.mincultura.gov.co <br /></div><br />

Por: Camilo Gómez Gaviria

Un día cualquiera, hace diez años, la profesora de literatura Carolina Alzate recibió una llamada telefónica que marcaría su carrera de investigadora. Del otro lado de la línea estaba María Victoria González su asistente de investigación en aquel entonces: “Carolina, ¡encontré el diario!” recuerda que le dijo, y la emoción de la voz le hizo creer que iba a romper en llanto. “¿Qué diario?” preguntó la profesora, perpleja, pues aún no se atrevía a creer lo que le decían. “¡El de Soledad Acosta!” fue la respuesta. “¡Está aquí, en Yerbabuena!”

Para muchos colombianos el nombre de Soledad Acosta de Samper es desconocido. Algunos la identifican como escritora, pero son pocos los que han leído algo de su amplia obra, entre narrativa e historia. En parte, esto se debe a que varios de sus escritos no se encontraban disponibles hasta hace pocos años. De hecho, parte de su obra, incluyendo textos aparecidos en periódicos de la época, aún no ha sido reimpresa desde su muerte. Sin embargo, su importancia es indiscutible, pues fue una de las primeras mujeres en Colombia que, en la generación posterior a las guerras de independencia, prorrumpió en el escenario intelectual de la naciente república.

Carolina Alzate es hoy profesora asociada en la Universidad de los Andes y su área de investigación es la literatura colombiana y latinoamericana del siglo XIX. Unos años antes de recibir esa llamada desde Yerbabuena —sede del Instituto Caro y Cuervo en Chía—, Alzate había conocido la obra de Soledad Acosta, después de regresar a Colombia de su doctorado en la Universidad de Massachusetts en Amherst. Su tesis fue sobre la escritora Gertrudis Gómez de Avellaneda (“una homóloga de Soledad Acosta, pero en Cuba”) que leyó junto a escritoras francesas del romanticismo como Madame de Staël y George Sand. “Hay por lo menos una Soledad Acosta en todos los países latinoamericanos de la época: está Juana Manuela Gorriti en Argentina, Clorinda Matto en Perú…”.

A pesar de la importancia que reviste, la obra de esta escritora sufrió un gran olvido después de su muerte. Fue poco lo que se volvió a editar de ella, y muy escaso el interés académico hasta la década de 1980, cuando de la mano de críticas feministas —y en particular con el trabajo de investigadoras como Montserrat Ordóñez y Flor María Rodríguez-Arenas— comienza un resurgimiento de la obra de Soledad Acosta de Samper. De hecho, fue la profesora e investigadora Montserrat Ordóñez quien introdujo a Alzate a la obra de la autora, invitando a la joven académica a que formara parte del proyecto de investigación Soledad Acosta de Samper y la fundación de una literatura nacional. “Montserrat me invitó a trabajar en el proyecto, para que yo aportara el contexto latinoamericano y el contexto europeo” dice Alzate. “Me dijo que la leyera, a ver si me interesaba, y me encantó”. 

Ordóñez muere en el 2001, dejando lista para su publicación la primera reedición de Novelas y cuadros de la vida suramericana, obra que no había sido reeditada desde su aparición en 1869. Sin embargo, este no fue el fin del proyecto de investigación, y mucho menos, del renovado interés por la obra de la escritora decimonónica: “Montserrat nos entrega a todos los lectores un camino por el cual transitar y un trabajo en proceso para continuar. Una forma para seguir adelante sin ella, con ella” escribe Carolina Alzate en los Agradecimientos del libro, publicado en 2004.




Desde la muerte de Ordóñez, otros títulos de Soledad Acosta han vuelto a ver la luz. Un ejemplo es la novela Una holandesa en América, editada por Catharina Vallejo. Otro, fue la sorprendente aparición del diario de Soledad Acosta, un manuscrito cuyo paradero se ignoró durante muchos años y que editó Carolina Alzate en Diario íntimo y otros escritos de Soledad Acosta de Samper. El Diario fue un huidizo grial que Montserrat nunca vio. Por eso, la dedicatoria del libro publicado en 2004 fue para esta investigadora.       

“Ya habíamos ido a Yerbabuena” dice Alzate refiriéndose a la búsqueda del Diario. Fue un discurso del historiador Bernardo Caycedo, publicado en 1952 y en el que hace referencia al diario de Soledad Acosta, el que los había puesto en la pista. “Nos pusimos a buscarlo pero eso no estaba en ninguna parte” dice la investigadora, quien llegó a pensar que de existir realmente, estaría olvidado en el baúl antiguo de algún pariente lejano de la escritora.

En 2003, contratan a Alzate para escribir una biografía novelada de Soledad Acosta en Colciencias. Sin diario en qué apoyarse, complementa su investigación con escritos del esposo de Acosta, José María Samper, otro importante intelectual y hombre público de la época. En medio de este quehacer, lee un artículo que afirma que hay un diario de Samper en Yerbabuena, y envía a María Victoria González a buscarlo. Las esperanzas no eran muchas, pues ya habían consultado el catálogo, buscando el de Soledad Acosta, y no habían encontrado nada.

Justo en el momento en que María Victoria iba a devolverse con las manos vacías, pasó una mujer que llevaba mucho tiempo trabajando en la biblioteca y quien la guió a lo que creía que ella estaba buscando. “Había podido devolverse sin encontrarlo porque eso estaba sin catalogar” dice Alzate. “Está todavía en un anaquel, y son manuscritos que ocupan dos peldaños”. Junto al Diario se encontraban otros documentos como manuscritos de novelas y cuadernos de dibujo.

El Diario íntimo, es el laboratorio de escritura con el que Soledad Acosta comienza a desarrollar su pluma. Lo comienza a los veinte años y lo termina un día antes de casarse con José María Samper, en su segundo vigésimo cumpleaños. Ya en él se pueden apreciar las reflexiones sobre la condición femenina que aparecen a lo largo de su obra, y que se cristalizarían luego en textos como Aptitud de la mujer para ejercer todas las profesiones, una Memoria presentada en el Congreso Pedagógico Hispano-Lusitano-Americano reunido en Madrid en 1892: “Para dar fuerza, valor y emulación a las mujeres cuyas madres y abuelas han carecido casi por completo de educación, en mi humilde concepto creo que debería empezarse por probarles que no carecen de inteligencia y que a todas luces son capaces de comprender lo que se les quiera enseñar con la misma claridad que lo comprenden los varones” escribe en este texto.

Soledad fue hija única de Joaquín Acosta, geógrafo e historiador que participó en las guerras de independencia y quien decidió darle una educación como la tendría un hombre de la época. Su madre era canadiense de Nueva Escocia y parte de sus años de formación, los pasó la familia en Francia. Por este motivo se desenvolvía por igual en español, inglés y francés.

A pesar de haber escrito tanto narrativa como historia, haber colaborado en publicaciones e incluso haber fundado en 1878 la revista La Mujer —dirigida y redactada exclusivamente por mujeres— son varias las razones por las que a Soledad Acosta se la conoce poco. “Es una época en la que no se esperaba que las mujeres escribieran. Para empezar, no eran ciudadanas”, dice Carolina Alzate. Así, José María Vergara y Vergara, crítico literario y uno de los editores del periódico El Mosaico, nunca menciona a Soledad Acosta a pesar de que ella contribuyó textos a esta publicación y varias veces sus miembros se reunieron en tertulias en casa del matrimonio Samper.

Pero otro motivo, es que las novelas escritas por mujeres en el romanticismo eran difíciles de entender desde la óptica de la época. “El romanticismo es muy masculino. Tiene mujeres, pero éstas son musas y amadas.  Entonces, para una mujer, posicionarse como escritora dentro del romanticismo le queda muy difícil, porque es pasar de musa a escritora” dice Alzate. “Son novelas que vienen a hacer sentido, apenas en el siglo XX, cuando uno se pone a estudiar dónde está la diferencia, y donde esa diferencia deja de leerse como deficiencia”. Un ejemplo para ilustrar estas es María de Jorge Isaacs, la novela romántica colombiana por excelencia. “María no tiene una biblioteca; no se atreve a leer sola sin que Efraín le diga qué puede leer y qué no. Las mujeres de las novelas de Soledad Acosta tienen bibliotecas, hablan con amigas, se escriben, escriben diarios, cartas, y ella misma escribe novelas para ser parte de las bibliotecas de sus lectores de la época”.

Sin embargo, a pesar de todas estas singularidades, no hay que olvidar que Soledad Acosta de Samper se inscribe dentro del contexto decimonónico. “Es una mujer de su época. No se trata de santificarla” dice la investigadora.

Este año, los colombianos podremos aproximarnos más a la vida y obra de esta precursora de las escritoras de nuestro país. Un ejemplo es la publicación este año por parte del Instituto Caro y Cuervo, en coedición con la Universidad de los Andes del libro Laura, Constancia, Una venganza. “Son tres novelas que estaban sólo en periódicos porque las publicaban en folletín” dice Alzate. “Como las telenovelas de hoy”. La edición está a cargo de ella.


Lanzamiento Año Soledad Acosta de Samper:
Auditorio Teresa Cuervo del Museo Nacional, Bogotá.
Viernes 15 de marzo, 11:00 a.m.
Entrada libre hasta completar aforo.
Rueda de prensa para medios, 10:30 a.m.                  
           

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