Enrique Santos Molano le dedicó cincuenta años a su proyecto más ambicioso: la saga literaria Los hermanos libertadores, que, partiendo de la vida del prócer Antonio Nariño, tenía como objetivo abordar, desde 1734 hasta 1823, el movimiento independentista de la entonces Nueva Granada.
La primera entrega de esa saga, Mancha de la tierra -cuyo nombre se refiere a la manera despectiva en la que los españoles nombraban a los hijos de sus compatriotas nacidos en tierra colombiana- tenía como punto neurálgico las memorias de Nariño. A partir de estas, Santos Molano construyó un sendero que llega hasta episodios fundamentales de nuestra historia como la Revolución de los Comuneros.
Para Santos Molano, esta obra que publicó en 2015 es una novela que abarca toda la epopeya de la Independencia, narrando la vida cotidiana de los libertadores desde la perspectiva de Nariño; pero a su vez es una historia de amor.
Esa filosofía es de alguna manera una metáfora del trabajo de Santos Molano, el escritor, investigador, lingüista y periodista que falleció en la Clínica Palermo de Bogotá este 25 de diciembre. Santos Molano era un apasionado investigador, de esos que se pasaban horas corroborando datos en las estanterías de una biblioteca, y también un recursivo novelista.
En una entrevista con el periódico El Tiempo, Santos Molano aseguró que, para escribir Mancha de la tierra, se convirtió en un hombre del siglo XVIII, en un miembro de ese movimiento intelectual de la Ilustración.
“Si uno quiere retratar una época, tiene que vivirla, ser uno más de la multitud que se mueve en la trama, y conocer el entorno hasta los últimos detalles", agregó en aquella charla, mientras que a El Espectador le aseguró que su interés por la historia no era académico sino narrativo, para dar la rigurosa veracidad a los hechos y a los personajes que estaba novelando.
Hijo de Enrique Santos Montejo, conocido por su seudónimo de 'Calibán', Santos Molano fue redactor y también jefe de redacción de El Tiempo entre 1963 y 1972. En ese medio también fue, desde 1965, columnista, la que fue una de sus facetas más conocidas gracias a su aguda y elegante manera de retratar la realidad nacional.
“Murió Enrique Santos Molano, a quien muchos leímos y seguimos desde hace décadas por sus investigaciones históricas, lingüísticas y periodísticas sobre la cultura colombiana. A sus allegados y lectores un abrazo de condolencias", aseguró el ministro de las Culturas, las Artes y los Saberes, Juan David Correa.
El ministro Correa añadió en su cuenta de X que el Minculturas puso a disposición del público en su página web el último libro de Santos Molano, Antonio Nariño – Cartas de un patriota, editado por nuestra editorial MiCASA.
“De la última etapa de la vida de Nariño, desde su liberación hasta su muerte en diciembre de 1823, poco conocemos. Y aquí radica la importancia de la compilación de las cartas hecha por Enrique Santos Molano, en la que, según sus propias palabras, se puede seguir el último periodo del prócer 'casi que día por día en los artículos y cartas que componen este volumen'", escribe en uno de los textos de este libro el director del Archivo General de la Nación, Francisco Flórez Bolívar.
Más allá de Antonio Nariño
Tras su paso por la casa editorial que fundó su familia, Santos Molano dirigió la Revista Domingo del diario Hoy, de Quito, y también fue editor de la colección Colombianos en la Historia.
Entre las distinciones más importantes de su carrera se destacan su nombramiento como Miembro Correspondiente de la Academia Colombiana de Historia y de la Academia de Historia de Bogotá y el doctorado Honoris Causa en Literatura que le otorgó la Universidad del Valle.
Además de la vida de Antonio Nariño, Santos Molano también se concentró en otras figuras históricas de Colombia como el poeta José Asunción Silva, de quien escribió una biografía titulada El corazón del poeta.
En esta especie de autopsia literaria, el escritor y periodista recorre los sucesos más reveladores de la vida Silva y también propone una hipótesis que aún hoy es materia de debate: el célebre poeta no se habría suicidado por amor, sino que pudo haber sido asesinado.
Entre sus más de veinte libros, también sobresalen Rufino José Cuervo. Un hombre al pie de las letras, en el que disecciona la cotidianidad y la personalidad del filólogo colombiano, y 1903, adiós Panamá, un estudio en el que el periodista parte de las preguntas: ¿Cómo se perdió Panamá? ¿Por qué se perdió? ¿Cuándo se perdió?
A estos se suman publicaciones como Grandes conspiraciones en la historia de Colombia, un libro en el que Santos Molano abarca ocho conspiraciones que sucedieron entre 1715 y 1867, empezando con la de los oidores -jueces de las reales audiencias- contra el presidente Francisco Meneses Bravo de Saravia.
El escritor Ricardo Silva Romero, quien también abordó el misterio de la muerte de José Asunción Silva en su novela El libro de la envidia, asegura que Enrique Santos Molano fue un caso rarísimo porque fue un hombre consistente: siempre fue leal a sus ideas, siempre dio la pelea contra la inercia del país, siempre fue un hombre combativo y siempre se permitió la ternura con sus amigos.
“Hubo un momento en el que fue un miembro más de mi familia. Primero porque su libro era el que nos pasábamos de mano en mano. Luego, porque se convirtió en una especie de tío de mis hijos", dice.
El escritor añade que Santos Molano era una voz generosa y que El corazón del poeta es no sólo uno de los libros de la vida de Silva Romero, sino la biblia que cuenta la tras escena de la historia de Colombia.
“Fue un maestro y un mentor para mí, y lo fue para muchos, pero sobre todo fue un hombre que convirtió la amistad en un arte: solía decir que Dios era la amistad. Fue el mejor amigo que uno podía tener si corría con la suerte de tenerlo cerca. Y fue un esposo y un padre muy conmovedor", agrega el escritor de novelas como Autogol, Cómo perderlo todo y Río muerto.